Entre abrazos de renovación de
fe, el compromiso se reconforta y la esperanza se abriga en la condición
auténtica y noble de ser venezolano, en una noche donde la familia se reúne y
el alma grita libertad. Si, es Venezuela. Es un país que está unido en la
determinación a la que no se renuncia jamás, porque nació con el sentimiento
libre en sus montañas y caminos. En la inmensa llanura que abraza historia republicana
y en el azul donde navega la intrepidez con el rumbo franco de la libertad de
la patria. Son los hombres y las mujeres
de esta nación sin límites en la conciencia libre de su trascendencia
histórica, que no los domina y menos los vence, la barbarie que oprime y ciega
vidas de la juventud que se levanta y se reencuentra en su proceder con la
historia y la gloria.
Este es el grito en el abrazo de
ese encuentro venezolano y el compromiso de la unión sin otro interés que la
libertad y la paz. Porque ello está por encima de actitudes oportunistas,
mezquinas y fuera de todo sentido patriótico en esta hora de dolencias
sucesivas, pero también de espíritu decisorio del cambio por el que se lucha en
afán definitorio de la libertad y, con ello, la vigencia del sistema
democrático.
Las libertades públicas no
constituyen una acción de gracia a la medida del accionar autoritario. Ese
accionar responde al proceder dictatorial totalmente ajeno al espíritu
democrático de los venezolanos. Y frente a esos procederes fuera del marco del
Estado de Derecho, se levanta la historia de la libertad en su razón de ser de
una sociedad que nació para ser ejemplo de dignidad republicana. Es el pueblo
venezolano que hace suyo ese derecho insustituible que se moviliza en las calles
con el espíritu profundamente vinculado a la independencia, con su juventud
estudiantil y trabajadora al frente en la determinación de una sociedad que,
desde hace tiempo, no cesa en su lucha democrática.
Es el pueblo afincado en sus
valores y principios que se sobreponen a las ambiciones perturbadoras
antidemocráticas. Es, entonces, en la justa
medida del accionar colectivo en la defensa de la libertad, que se asume
la legalidad, decencia y honradez en la orientación y conducción de los
destinos públicos. Ello significa la actitud relevante, imperativa y necesaria
al servicio del país en la reconstrucción que nos une y convoca. De allí el
encuentro que se funde en la actitud perseverante de millones de hombres y
mujeres en la reconquista de los derechos democráticos. Es la permanencia que,
en la historia republicana, constituye el ideal supremo de la unidad nacional,
razón militante de quienes se saben comprometidos con el destino democrático de
Venezuela.
Es la nación con el libre grito
de gloria que llama sin distingos de ninguna índole para que las libertades
públicas respondan en el cometido de la legalidad y activen la vida venezolana
en el acatamiento de la significación profunda y aleccionadora de lo que
representa el pensamiento democrático. Este es el grito de nuestra juventud
valiente que se afinca en su tenacidad del cambio para una vida en libertad. No
es el libertinaje lo que la motiva. Es por el contrario, la razón y la justicia
la fortaleza de sus convicciones y su entrega por el ideal democrático. De allí
el impulso que alimenta la lucha democrática que nada ni nadie puede detener,
porque es la Venezuela que abre caminos de conciencia libre con su tricolor
nacional siete estrellas.
Es hora de volver a transitar los
espacios donde el pensamiento fluye con el ideal superior de los pueblos
libres. En ello los venezolanos resguardamos la permanencia de las enseñanzas
de quienes entendieron hasta donde es posible el sentimiento de llevar la
libertad en el alma.
E-mail: bello.rafael@yahoo.es
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